15664 visitas¿Por qué la Iglesia celebra la Festividad del Espíritu Santo en

Las festividades que la Iglesia Cristiana celebra, están en fechas
por demás sugerentes. La Pascua de Resurrección tiene una correlación
con la Pascua Hebrea. La navidad tiene una relación con el solsticio
de Invierno (en el hemisferio norte), fecha en que el sol comienza a
subir en el horizonte y firmamento, y los días comienzan a alargarse.
Muchas festividades cristianas reemplazaron a festividades religiosas
paganas, en el proceso de evangelización de los pueblosmediterráneos,
y luego del mundo.

La festividad del Espíritu Santo, está relacionada con la festividad
de Pentecostés.
¿Qué era Pentecostés (cincuenta días)?

a. Fiesta de las semanas, pues está una semana de semanas (siete
veces siete días) luego de la Pascua.
b. Fiesta de los primeros frutos o de la cosecha.
c. Fiesta de la entrega de la ley.

Pero en ese día, alrededor del año 30 de nuestra era, ocurrió algo
dramático en Jerusalem: hubo un gran ruido de viento, y una multitud
de personas recibió, en la forma de llamitas de fuego, el Espíritu
Santo.

Había otras formas de elegir fechas: Podrían haber priorizado ese
domingo luego de la Resurrección, en que Jesús les entregó el
espíritu, soplando sobre los apóstoles. Podrían haber elegido el día
en que los apóstoles comenzaron a imponer las manos y entregar el
Espíritru Santo. Podrían haber elegido le "festividad" de alguno de
los profetas "por quiénes habló el Espíritu". Pero al elegir ese día,
además de asociarlo con una festividad importante de ese tiempo, la
Iglesia honró un aspecto distintivo de ese descenso del Espíritu:

En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo no vino a los doce
apóstoles, no vino a unos pocos creyentes que estaban reunidos con
temor. Vino a muchos. Y al celebrar la festividad del Espíritu Santo
en Pentecostés, la Iglesia rinde un homenaje a la gracia de Dios, que
vino en forma indiscriminada y masiva, y en forma pública y notoria.
Muchos veían las lenguas de fuego, muchos escucharon el gran ruido, y
muchos, muchísimos, pensaron que estaban llenos de "espíritu", que en
un juego de palabras, indicaban que estaban bebidos (llenos de vino).

Esa borrachera genial los transformó de tal modo que lanzó a los
primeros cristianos, desinhibidos y sin temor, a ser anunciadores de
las buenas nuevas a quienes la quieran oír (distintos idiomas). Y ese
posarse del Espíritu en forma indiscriminada y amplia, fue un claro
indicio de la inclusividad de la gracia de Dios. El Espíritu Santo,
que había hablado por los Profetas, ya lo había anunciado
previamente: "Sus hijos verán visiones..."

La Iglesia optó por Pentecostés, en una opción a favor de lo público,
lo masivo, y lo duradero.

1. Público: como contrapuesto a lo íntimo y clandestino. Por eso la
festividad de Pentecostés va con rojo en los altares. Es una
festividad que no refleja la humildad y discreción del pesebre de
Belén, ni el esplendor sin testigos presenciales de la resurrección.
Lo importante de Pentecostés no es el misterio, sino su caracter
inocultable. Porque si bien el Espíritu es inasible, sus efectos son
claramente visibles. Y restringirlos a la intimidad es un esfuerzo
inútil.

2. Masivo: como contrapuesto a minoritario y selectivo. No se limitó
ni se limita a los conocidos. Nada ata al Viento Divino. Alcanza a
quien se ponga a tiro, y aún a quien no se ponga. En otras palabras,
si hay una representación del poder soberano del Dios Trinitario, es
el Espíritu Santo, que sopla de donde quiere y hacia donde quiere,
creando en el principio, y recreando en todo momento. Y es el garante
final de la Catolicidad del Pueblo de Dios.

3. Duradero: como contrapuesto a provisorio. El Soplo de Dios que en
el principio cubrió el agua, sigue actuando, y no tiene plazo final
para su acción. Si es impredecible, si es siempre creador, nos
sorprenderá siempre en su acción. Y todo lo que haga, aún lo que
parezca provisorio, es fundación para lo que viene. En un final
abierto que incluye la venida de Cristo en un Reino que no tiene fin.

No es casual que la festividad de Pentecostés inicie el tiempo más
largo de la liturgia y devoción de la Iglesia, en la que estamos
invitados a enfocar sobre el presente y el futuro, e izar tantas
velas como gente tengamos cerca, para que Él nos empuje.

Fuente: Red Latinoamericana de Liturgia CLAI
Temas: Espíritu Santo, Pentecostés

 

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