4230 visitas BUSCA EL BROTE

Señor, que el mundo no se te haya escapado de las manos!
Que la falta de fe no nos haga sentir que nos has abandonado. Amén.

(Gracias, Elvira, dondequiera estés, por haber sido un instrumento en las manos de Dios)

Una amiga muy querida me regaló una planta, pequeña, joven, de hojas muy bellas. Me gustan las plantas y verlas crecer y florecer me hace sentir que soy cómplice de la naturaleza y de sus fuerzas. Estaba feliz.

Así que día a día la observaba y la cuidaba, la regaba y de noche la protegía del frío. La mimaba, le hablaba con cariño y le decía cuánto la había deseado.

Pasaron las semanas sin ver que mi planta creciera. Si bien sus hojas estaban tersas y brillantes y nada me indicaba que estuviese mal o corriese peligro de marchitarse, comencé a temer pues lo que no crece, muere. Mi planta no sería la excepción.

Comenté con mi amiga mis temores y como viera la tristeza en mis ojos, me dijo :

__Vamos a ver esa planta y por qué te preocupa tanto.

Al ver la maceta sonrió y con un uhum, se agachó y la levantó, la colocó a la altura de sus ojos. Con otro uhum la sostuvo en sus brazos y con sus dedos comenzó a rascar suavemente el tallo a la altura donde llegaba y cubría la tierra.

Al tercer uhum, impaciente por tanto misterio de su parte, me acerqué más a mirar sus dedos sobre el pequeño tallo y le dije:

__Uhum qué...? Qué has visto?

Ella, señalándome hacia la uña de su índice, me dijo triunfante:

__Mira, esto es un brote!

Y allí estaba, una pequeña protuberancia verde, pálida y brillante asomando del tallo, incipiente debajo de la tierra que la abrigaba. Silenciosa, lentamente, esa futura hoja o rama estaba creciendo como una promesa de vida y belleza, para completar la obra a la que estaba destinada.

__Uhum__dijo de nuevo mi amiga mirándome de reojo con su sonrisa burlesca y condescendiente__ Es que hay que saber esperar el brote... tenés que aprender a ver el brote.

Mi amiga nunca supo cuánto significaron sus palabras para mí y para mi vida. En esos momentos tampoco yo supe del alcance de sus palabras ni siquiera pensé que algún día las recordaría. Y vaya si las recordé!

No sólo aprendí a esperar y ver el brote en las plantas, también apliqué esta enseñanza en todos los órdenes de mi vida. En cada circunstancia en que el dolor o el pesar o la desazón o la incertidumbre me acorralan, tiendo a “rascar suavemente el tallo buscando ese brote” que sustentará mi esperanza. Cuando a mi alrededor cunde el desencanto, la impotencia y la falta de fe, viene a mí el recuerdo de ese dedo sobre el tallo prometedor y esa voz que musita a mi oído: “Busca el brote, espera el brote”... y cuento esta historia.

El poder de Dios actúa a veces así, silencioso y lento: como una levadura, como un pequeño brote y a su debido tiempo. Cuando todo parece malo o perdido, el amor de Dios siempre está, tal vez pequeño y escondido, pero firme y listo para manifestarse y florecer. La promesa siempre está vigente.

¡Querida amiga! Nunca más la volvía a ver. Le perdí el rastro en un recodo de la vida. Algún día sabrá que sin querer me dio una verdadera lección del evangelio, pues de eso se trata el Evangelio: fe y esperanza.

Fuente: Red Latinoamericana de Liturgia CLAI
Temas: Esperanza

 

© - Todos los derechos reservados por los autores de la obra

Comparte este recurso
 
1. Copia y pega este link en un e-mail o mensaje instantáneo:


2. Envía el link a esta página usando la aplicación de correo electrónico de tu computadora:
Enviar link a esta página por e-mail

 

Deja tu comentario

 

Para dejar tu comentario, por favor, inicia sesión. Si todavía no tienes una cuenta en Selah, puedes registrarte gratuitamente.

Comentarios de nuestros lectores
Fecha
Usuario
Puntaje
Opinión
2015-12-06 21:16:54
nohemi bravo
8
Muy bendecida con esa palabra, todo proceso requiere paciencia, asi debemos aprender, esperar el tiempo de Dios, no es que no este trabajando sino que debemos esperar.